En el caso de los centros educativos, estos no pueden ir al ritmo que la actualización tecnológica exige, y no pueden, como cualquier otra empresa, desarrollar su plan de trabajo con los mismos criterios de competividad. Hoy, la calidad del producto educativo radica más en la formación permanente e inicial del profesorado que en la sola adquisición y actualización de infraestructuras.
El gran reto de la innovación tecnológica en los centros consiste, precisamente, en un cambio de mentalidad en el profesorado y en su práctica docente, pues, en cualquier caso, se producirá el desarrollo tecnológico.
El sistema educativo debe acomodarse a los cambios sociales desde un cambio en sus concepciones más básicas, y replantearse el papel que hoy debe poseer el enseñante y sus prácticas en una sociedad de la información.
Los centros deberán convertirse en espacios creadores de conocimiento, en verdaderos capacitadores de unos ciudadanos y profesionales críticos en el consumo de tecnología.
Desde la enseñanza infantil hasta la enseñanza universitaria -marcando las distancias obvias-, lo que pretenden los enseñantes, entre otras muchas cosas, es básicamente preparar al ciudadano, al profesional,... que se va a integrarse en el mundo social y laboral. Tendríamos que conocer cual será ese mundo, para diseñar el perfil del programa educativo.
No sabemos qué contenidos serán útiles a los estudiantes de hoy profesionales del mañana, sin embargo, sí podríamos aventurar que las tecnologías serán muy significativas en su futura vida profesional. La sociedad que deparará al ciudadano y profesional del futuro -también hoy- estará irremediablemente presente y representada por las Nuevas Tecnologías.
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